HISTORIA

 

Fundada en 1689 en la Parroquia de Santa María del Prado, actual Catedral, por un grupo de devotos para participar en la procesión que se celebraba el Viernes Santo por la tarde, con una imagen de Jesús Muerto, que recibía culto en uno de los altares del Convento de las Madres Carmelitas descalzas y que era trasladada a la parroquia el Miércoles Santo. En la hermandad participaba, aparte de los hermanos de túnica, una compañía de armados que eran soldados y alabarderos.F

La hermandad, desde su fundación, era una de las más lucidas y el paso del Santo sepulcro, que recibía culto en las Carmelitas, al terminar la procesión del Viernes Santo por la tarde era depositado en la iglesia de dicha comunidad, donde era venerado y custodiado por la compañía de armados de esta hermandad, hasta el toque del Aleluya, en la Parroquia de Santa María. Los soldados que lo custodiaban, al oír este toque, realizaban las mismas demostraciones de pavor y confusión que hicieron los que guardaron el sepulcro de Cristo.

La hermandad, aparte de la imagen del Santo Sepulcro también poseía la del señor Resucitado, celebrando con ella en la mañana de Pascua una procesión desde el Convento de las Carmelitas Descalzas hasta la Parroquia de Santa María del Prado, actual Catedral, celebrando Misa Solemne con sermón. A su término, se organizaba de nuevo otra procesión con la cruz parroquial, cura, beneficiados y clero, que saliendo por la calle Caballeros llegaba a las Carmelitas.

Durante los primeros 40 años del siglo XVIII la hermandad fue decayendo progresivamente. En el año 1745 ya estaba extinguida y los pocos pertrechos y alhajas que poseía se encontraban custodiados en el Convento de las Madres Carmelitas. El 13 de mayo de ese año fue de nuevo reorganizada, redactándose nuevas ordenanzas que constaban de 17 puntos. Los hermanos, al ingresar, debían entregar cuatro libras de cera de un hacha labrada y una túnica negra. Los cuatro hermanos que portaban el paso sólo entregaban, al ingresar, la túnica. El Domingo de Ramos debían entregar dos reales de vellón para decir en la Iglesia de Santa María misa por las ánimas de los hermanos difuntos, dando a la parroquia por la Vigilia y Misa 30 reales. También los hermanos se obligaban a asistir al traslado del Santo Sepulcro el Miércoles Santo desde las Carmelitas a la Parroquia de Santa María y el Viernes Santo en la procesión del Santo Entierro.

Todos los años se nombraban Hermanos Mayores y muñidor al cual se le pagaba por parte de los Hermanos Mayores un par de zapatos y seis hermanos para llevar el paso, aunque sólo hicieran falta cuatro. Los Hermanos Mayores custodiaban en su casa en dos arcas con tres llaves, las cuales tenían los Hermanos Mayores una cada uno, y la otra cualquiera de los Hermanos Mayores que habían dejado de ser, las túnicas y pertrechos de la cofradía. También corría a su cargo la merma de la cera de la procesión y las velas que ardían delante del Santo Sepulcro desde el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, entregando la cera y demás pertrechos el último día de Pascua de Resurrección a los nuevos Hermanos Mayores. La cera debía estar labrada el día de Navidad de cada año.

A la muerte de algún hermano, los demás debían acompañar su entierro con doce hachas de cera, y si el muerto era un hijo de éste tan sólo con seis.

En el coro de las Madres Carmelitas Descalzas se ponía un altar donde se depositaba el cuerpo del Divino Señor hasta que pasaba la procesión de la Soledad, custodiándolo la Compañía de Armados con sus correspondientes armas.

En las reglas se reflejaba que la hermandad no estaba obligada a realizar la función de Resurrección, dejando ésta al parecer de los Hermanos Mayores como acto voluntario. Estas ordenanzas fueron aprobadas por el arzobispo de Toledo, Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio.

En el catastro del Conde de Aranda sobre cofradías y hermandades elaborado el 7 de diciembre de 1770 se dice que la Hermandad del Santo Sepulcro, establecida en la Parroquia de Santa María de Prado, tenía sus ordenanzas la ordinaria aprobación, y el Hermano Mayor soportaba el gasto de 150 reales de la merma de cera, y un moderado refresco.

Del siglo XIX no tenemos datos, pero tuvo que ser en el transcurso de este siglo cuando desaparecieron los hermanos de túnica y sólo quedó la compañía de armados. En 1875, cuando se creó el Obispado-Priorato, la hermandad pasó a depender de la actual Parroquia de Santa María del Prado (Merced).

A principios del siglo XX, la Compañía de "Armaos" celebraba en Semana Santa el siguiente rito: En primer lugar, sobre las 3 de la tarde del Viernes Santo, salía a la calle un "armao" provisto de un tambor con las cuerdas destempladas, que se caracterizaba por el sonido ronco del mismo. Éste se dirigía andando hasta el domicilio de otro "armao", y luego salían en busca de un tercero, y tras éste salían en busca del resto de los compañeros. Una vez reunidos todos, se dirigían a la casa del rey de los "armaos" o Capitán de la centuria, y ya con él l frente, se encaminaban hacia la casa del Hermano Mayor, desde donde se dirigían a recoger el paso hacia la Merced antes de iniciar la procesión. Durante la procesión daban escolta al paso doce "armaos", desfilando el resto al frente de la cofradía, situándose delante del paso el Capitán junto al Hermano mayor, que movía su espada desde el hombro izquierdo a cadera derecha en sentido ascendente - descendente.

Ya el Sábado de Gloria, en el Templo de la Merced, tenía lugar la función del Resucitado donde acudían los "armaos". Antes de ir al templo realizaban el rito de recoger a cada "armao" que antes hemos descrito. Una vez reunidos se dirigían a la iglesia, que se encontraba repleta de gente. En el interior de la misma, todos se dirigían al Altar Mayor, donde subían por parejas y cruzaban las espadas. ÉSte acto se llamaba juramento. Después, en el pasillo del templo, formaban dos filas. Al llegar el momento del Gloria, cuando se quitaba el velo que cubría el altar Mayor y se tocaba la rueda con campanillas, que existía en todas las iglesias, en ese momento se quitaban el casco y se tiraban al suelo dando un grito y haciendo golpear estrepitosamente las corazas de su armadura contra él, como recuerdo de aquellos auténticos soldados romanos, que adormecidos quedaron sobre la losa del Sepulcro al resucitar Jesús. El abanderado, en ese momento, se subía al altar y ondeaba la bandera. El tambor se tocaba, la campanas volteaban y en la calle se lanzaban cohetes. Era rey de esta compañía a principios del siglo XX, Juan Antonio, apodado "el jeringón" por la buñolería que tenía en los soportales de la Plaza Mayor.

Ocupaba el cargo de Hermano Mayor Agustín Lorente en 1911, 2º Hermano Mayor Félix Mora y Secretario Mariano Jurado. El actual paso era de poco mérito y estaba decorado con bastante limpieza por el tallista dorador Donato Sánchez, de Aldea del Rey. Julián Alonso lo describió como "cajita de pasas tallada y dorada, con mezquino y peor Cristo". Los "armaos" estrenaron nuevas vestiduras y armamentos en 1915, y el paso era escoltado por varios hermanos vestidos con el hábito de la Orden del Santo Sepulcro.

En 1916 el Hermano Mayor Ramón Delgado, por mediación de Fernando Vázquez, adquirió un nuevo paso titular de la hermandad en la Casa Aranda de Zaragoza que importó 5.000 ptas, que fue expuesto en su casa en la calle de la Mata. El Sepulcro estaba sostenido por cuatro Evangelistas, tallado en madera y bruñido en oro. A ambos lados, también en talla, aparecían doce Profetas. El estilo era renacentista, abundando las alegorías de la Pasión. La parte posterior estaba rematada por el escudo de la hermandad y la anterior con la corona de espinas. La figura del Redentor era una hermosa escultura de 1,70 metros, tallada también, que descansaba sobre rica sábana con encajes de Holanda, hallándose cubierta con rico tisú. Coronaban el sepulcro dos ángeles que sostenían los atributos del Rey de Reyes. Este misterio era portado por costaleros a un hombro.  En la procesión del Viernes Santo de ese año escoltaron el paso seis cofrades con túnicas blancas al estilo de la época, portando magníficos cirios.

En la Junta celebrada por la hermandad en 1918 acordaron nombrar Presidente de la misma a Joaquín Menchero Olarte, conocido por "el alfombrista", por tener una tienda de alfombras en la Carrera de San Jerónimo en Madrid, y como Camarera a su distinguida esposa María Luisa Canellas O'Kelly, cargo que aceptó. Mientras fue Hermano mayor el referido Joaquín Menchero, el paso se guardó en su conocida casa de la calle Lirio.

La hermandad contaba en 1919 con 40 hermanos. En este año se organizó un festival taurino a beneficio de la hermandad, al que vino a torear Joselito, regalando éste a la hermandad un magnífico farol que procesionó a partir de entonces en unas andas portado por cuatro hombres. En la semana Santa de este año, también se estrenaron de la Casa Aranda 14 faroles que representaban las 14 Estaciones del Vía Crucis.

La hermandad revistió gran brillantez en 1920, desfilando en la misma 40 soldados del Regimiento de Artillería con Guarnición en esta plaza que vistieron uniforme de la guardia pretoriana alquilados en el Teatro Real de Madrid.

A la muerte de Joaquín Menchero en 1934, le sustituyó como Hermano Mayor Manuel González Ortega, y tras la Semana Santa de 1935, el hijo de éste Ramón González Díaz. Procesionó el paso por última vez en 1935 y en 1936 se adquirió una carroza, bendecida por el Obispo, que no pudo estrenar. Todo el patrimonio de la hermandad fue destruido en 1936 al inicio de la Guerra Civil.

La hermandad fue reorganizada en 1939, a cargo de su Hermano Mayor Ramón González Díaz, Dionisio López y Lorenzo Vera, procesionando en 1940 con una imagen que sólo tenía torso y cabeza, en la única procesión que se celebró en este año el Viernes Santo por la tarde. La imagen fue encontrada en los sótanos de la Parroquia de la Merced.

La Delegación Provincial de Sindicatos se hizo cargo de la hermandad en 1941 y su delegado José Cuadrado actuaba como Hermano Mayor, estrenándose en este año un nuevo misterio de deficiente calidad artística. Era un Cristo yacente en una urna de cristal con un ángel de gran tamaño de escayola que sostenía entre sus manos una corona imperial. Este misterio se adquirió en Olot (Gerona) y procesionó por primera vez en 1941 y por última en 1943. En este último año, al inicio de la procesión, se desplomó el ángel, destrozándose contra el suelo en la calle Toledo. Este paso fue vendido en 1943 a un pueblo de Barcelona que lo compró por el valor de 12.000 pts.

Tras un pequeño paréntesis por tener que cumplir el servicio militar en Cataluña, Ramón González Díaz se hizo de nuevo cargo de la hermandad en 1942, y gracias a su gestión, pudo resurgir de las cenizas, diseñando las túnicas para los hermanos y procesionando con éstas en 1943. En este año también se contrató con el escultor catalán Claudio Rius Garrich un nuevo sepulcro, que es el que actualmente posee de titular la hermandad, y que desfiló por primera vez por las calles de Ciudad Real en 1944, portado a hombros por 26 costaleros.

La última Función de los hermanos en la Merced se celebró en 1956. El número de hermanos en 1962 era de 140, y su Mesa Directiva estaba formada por el Hermano Mayor Ramón González Díaz, y el resto de los directivos Serafín Gómez Moreno, Gerardo Domínguez Ibáñez y Enrique González Poblete "el tranquilo". En este año el paso dejó de salir a hombros y empezó a ser llevado sobre ruedas en unas andas con respiraderos en madera tallados y dorados en pan de oro que se adquirieron en la Casa de Santa Rufina, de Madrid.

Ramón González Díaz renunció en 1972 como Hermano Mayor, tras 36 años en el cargo, y fue nombrado su sustituto Joaquín Ramírez de Arellano, que ocupó el cargo hasta 1978. Desde el 13 de enero de 1976 es Hermano Mayor Honorario su Majestad el Rey de España Don Juan Carlos I . Entre 1977 y 1986 la hermandad contó con un real tercio de tambores. Desde 1981 el paso portado a un hombro por fuera por 48 hermanos costaleros. A partir del 6 de abril de 2001 son Hermanos Mayores Honorarios el Subdelegado del Gobierno y la Policía Nacional.

En el año 2002 fueron refrendados los actuales estatutos por el obispo-prior Rafael Torija de la Fuente.

 

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